domingo, 25 de enero de 2009

Mariposa

Con su telúrica mirada de abismo y mar se acercó a la copa de un cedro, y posándose súbitamente grácil sobre ella, distrajo mi atención solar. Los coloridos aleteos que la depositaron en el punto más próximo al cenit habían concluido, y observaba lejos.
Horas después, cruzándome con su mirada inmóvil, hacia el fin del día, pudimos contemplar juntos la belleza involuntaria de lo que termina.

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