miércoles, 28 de octubre de 2009

Vino un hombre

Éstas últimas décadas, La Muerte había estado había estado tan desocupada y le pesaba tanto la soledad a causa de la inminente extinción del hombre, que le dio por resucitar a unos cuantos miles de entre todos los disconformes que esperaban en la entrada del purgatorio, claro, entre otras barbaridades, como aquella ocasión en que resucitó a Cristo. Pero esos tiempos habían quedado atrás. Ciertamente, ya no era lo mismo que el siglo pasado, en el que había hombres, mujeres y niños a granel. En ese entonces no se daba abasto; ahora estaba envuelta en otra partida más de ajedrez con el último hombre vivo, propuesto ella misma, y jugaban con las mismas reglas de siempre. En cuanto el hombre fue derrotado, permaneció callado por un momento, evidentemente nervioso.
-¿Desea jugar otra partida?-preguntó la muerte esperanzada.

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