viernes, 27 de febrero de 2009

Palabras sucesivas


"Por más alta que sea una montaña, no sobrepasa su propia cúspide."
Roberto Fontanarrosa

Quiero pensar que no soy el primero en contestar directamente al señor Fontanarrosa, porque me resultaría agradable pensar en la cantidad de gente aludida, provocada y encausada a hacerlo por medio de los recursos más bajos, en esa gente capaz de responder por sí misma a tal escrito. Por supuesto, el argentino menciona reiteradamente a lo largo de su texto tal intención provocativa, incluso solicita al lector no esperar ética alguna y lo finaliza con una suposición de lo más pretenciosa. Además, a su texto Palabras iniciales pareciera circunscribirse un mundo vil, lleno de competitividad, de imposición ante el otro, de deseos por anteponerse histórica y canónicamente a los demás escritores usando sus libros. Y es verdad que casi todos estos elementos abundan en ese mundo real al que se refiere cuando habla de la grúa llevándose el auto o el regaño de una mujer a su marido. Supuestos veraces. Todos.
Sin embargo, lo que llama la atención al terminar de leer el texto no es la cantidad de elementos que toma en cuenta para argumentar lo que sea que argumente de manera concreta, sino los recursos estilísticos, las licencias tomadas por el autor que se sabe autor, la soberbia -que aun conociendo el trasfondo humorístico del personaje que fue Fontanarrosa resulta pedante mas que satírica-.
Muchos han sido los falsos modestos que han llenado el mostrador de las librerías. Si no es Woody Allen, es Monsiváis. Eso no importa, la crítica que se menciona y termina sin resaltar uno de los puntos importantes del texto es, más bien, la del escritor inmerso en un mercado. En el momento en que afirma “El lector no es mi amigo. El lector es alguien que le debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros.” podemos esperar un producto más que literatura; un best-seller salidito del horno con la receta de siempre:

* Cuento exitoso
Rinde 1 porción
Ingredientes:
1 Pluma
1 Hoja o las que se requieran para el cometido
1 Personaje principal en un conflicto inmediato o con una historia que contar
1 o 2 Enseñanzas morales (1)
Lenguaje coloquial, frases ingeniosas, chistes prefabricados(2) y ofensas al gusto (del mercado, por supuesto)
1 Final abrupto y cerrado (por eso de la sorpresa)
Autocrítica y autorreferencialidad al (propio) gusto
Preparación:
Una vez extendido el papel, tome la pluma con su mano satírica y escriba a su personaje en una situación atractiva. Todo deberá ser narrado en un lenguaje coloquial y lo más actual posible, incluso las reflexiones sesudas y la mención de sus autores predilectos. Endulce gradualmente con los chistes prefabricados, pero no se confíe de los resultados, revuelva y pruebe constantemente conforme se vayan agregando. Es preferible que los chistes estén en boca del personaje. Si a ojo de buen cubero los nota un poco forzados, está permitido que los demás personajes se rían. Alterne poco a poco las frases ingeniosas(3). Los otros personajes también pueden sorprenderse, incluso pueden alabar al principal y sus reflexiones sesudas. Por otro lado, las ofensas van muy bien al principio, después del título es uno de los mejores puntos para colocarlos, pues llamará la atención.
Ya que el personaje se halla justo en el meollo del problema o de su historia, puede hacer uso de su propia bibliografía como autor. Un nombrecito por aquí, otro por allá, disciplinas artísticas y comparaciones, etc. En este punto puede olvidarse de los chistes prefabricados y darle cabida a un par de ofensas seguidas del asombro necesario(4). Bien puede terminar su relato en este momento.
Para la presentación se recomienda usar tipo de letra Times New Roman en 12 puntos, doble espacio y justificar el texto. Los demás elementos, como el epígrafe, notas al pie, bibliografía y demás, son opcionales, junto con la autocrítica y la autorreferencialidad.

La literatura no es siempre académica, ni eternamente popular. Claro que es crítica, carnavalesca, divertida, inteligente, escrita y muchas cosas más. En todo caso, si “El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés.” lo propiciamos con el texto. Si no podemos esperar un “lucha limpia“, es por lo determinante que es el mercado. Adjudicarse esto como decisión propia es mera soberbia, del mismo modo que sería adjudicarme la iniciativa de la primer respuesta.
Una de las observaciones más desagradables que se muestran, aparte de la pedantería ya mencionada, son las categorías en que encierra tanto al escritor como al lector, llamados maricones, poco viriles o indignos, aleatoria y arbitrariamente. Juicios de valor evaden la sugerencia para presentarse como un intento de ruptura injustificado. ¿Que hace “mierda pura” al inicio de Cien años de soledad, la mera autoridad moral y crítica que se confiere el autor a sí mismo? Pretensiones pueriles. Todas
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Notas:

1] Éstas las puede encontrar en su propia familia. De ser necesario, puede recurrirse a programas de televisión abierta o a la cartelera cinematográfica infantil del verano.
2] Parece increíble, pero también los podemos encontrar en la televisión.
3] Siempre es conveniente anotar estas frases en el momento en que se le ocurran. Para ello recomendamos llevar consigo una libreta y una pluma.
4] Habrá ocasiones en que deberá reforzar la sorpresa con sus personajes. El público puede ser exigente.

sábado, 14 de febrero de 2009

Una ventana

Una mesa es un lugar muy solitario cuando se está en compañía de una gran ventana que mira hacia el jardín. Esto se vuelve mucho más evidente cuando la mesa está sobre la banqueta y la ventana mira hacia un jardín al que no se puede entrar, además de poseer barrotes de acero que nos lo prohíben. ¿Por qué tener paredes con ventanas fuera de la casa? Esa misma lógica capaz de resolver esta pregunta puede ayudarnos a resolver el enigma de las puertas que no llegan a ningún lado. Uno debe tener siempre un lugar que observar, siempre. Tal vez sea eso, la necesidad de buscar un objeto que obsesione a nuestros ojos. La puerta puede obsesionarnos también. Todo está permitido si la razón lo avala, sino lo avala, estará permitido por cualquier otra institución que la razón no conozca.
Tengo una ventana y una mesa colocadas una frente a la otra justo en el corazón de mi casa. La mesa guarda una distancia prudente con respecto a la ventana para mitigar la sensación de amplitud entre el jardín y yo. Si toda esa amplitud entre dos puntos se puede recorrer sin encontrarse con persona alguna, y peor todavía dentro de la propia casa, la soledad se enfatiza. Entre la ventana y la mesa hay un solo sillón por pura prudencia.
En el jardín crecen rosales, cursis rosales embadurnados con luz o sombra dependiendo de la hora en que decida mirarlos. La sombra me deja imaginar lo que la luz me permite ver para imaginarlo sombreado. El conflicto está delimitado por la ambición, pero confrontado por la realidad aparente. Decidí colocar un reflector sobre el rosal todas las noches de una semana, la siguiente semana pondré un cobertizo.
El cobertizo ha sido un éxito. Pocas cosas convierten la vista en algo inútil. Prefiero la sombra a todas las demás. Las demás están en todas parte. Una de esas partes ha sido mi sala, donde sólo un sillón separa a la mesa de la ventana desde donde se puede ver el jardín. No siempre, pero aquí cupo mucha esperanza.
Esperanza es un término usado sin criterio. Como las puertas que no llegan a ningún lado. Quizás eso es la esperanza: una puerta que no llega a ningún lado pero obsesiona a los ojos y los vuelve inútiles.
Junto a la mesa que está sobre la banqueta desde donde acostumbro mirar el jardín de mi vecino hay una puerta que no da a ningún lado. Algo me hace pensar en un criterio usado para colocar esa puerta específicamente en ese lugar. El corazón de mi casa esta colocado sin criterio. Parece ser una puerta que da a ningún lado.
Mi vecino carece de criterio, lo que exalta su soledad. ¿Qué necesidad hay de poner puertas que no dan a ningún lado y ventanas en una casa sin jardín ni rosales?
Parece que el cobertizo se ha disfrazado de esperanza. Sin embargo, hay un criterio que puede aclarar esto. Lo claro es bueno. No hay nada más claro que el acero para ser claro. La soledad decoró a las ventanas con acero y las puso junto a puertas que no permiten el acceso a ese jardín con luz y sin rosales. Qué claridad hay detrás del acero. Después del acero hay claridad. Sin imaginación, pero con jardín.
Lo olvidé, la mesa tiene sobre sí un par de tazas vacías y varias sillas alrededor. Qué soledad tan concurrida y esperanzada.
Por la ventana asoma mi vecino. Lo invito a tomar asiento a mi lado, pero coloca, a manera de rechazo cortés, su propia mesa con sus propias sillas y señala la puerta. Qué descaro.
Con la misma soledad nos servimos a veces té, en otras ocasiones un poco de café, para mirarnos sin rencor. El rencor nos lo brinda la compañía mutua, cuando la tenemos. Siempre nos acompañamos al mismo tiempo, claro. Eso propicia el rencor siempre al mismo tiempo.
Un día vino hasta su ventana y simuló tener flores, pero terminó regando su sillón. Reí mucho, pero me acordé de otro día en el que quise tocar la puerta de mi casa desde adentro para simular visitas.
Es probable que el enigma de las puertas que dan a ningún lado sea imposible de resolver. El corazón de mi casa queda igual, pero todavía tiene ventana. Claro como el acero, claro.

domingo, 8 de febrero de 2009

Sobre danza aérea

Me complace aceptar la renuncia del ser humano a la tierra bajo sus pies. Que el sustento sea otro, quizás aire y tela, para hacernos la ilusión de que hoy por hoy tenemos menos ataduras y poseemos lo liviano del viento para nuestro regocijo. Y pienso esto sin lugar a dudas porque me resulta agradable contemplar la similitud entre las personas que han decidido asirse de nuevas herramientas, que amplíen sus posibilidades motrices, y las aves en cautiverio. Si algo hay de anhelo y esperanza en ello, imagino, son los mismos que rondan el ambiente de cualquier aviario: los de suspender con plena libertad la relación que mantenemos con el suelo.
Y conseguirlo no es precisamente difícil, ni promete ser exactamente duradero. Hay una inherencia del hombre a su medio que lo mantiene unido a pesar de su renuencia, sin arrebatarle por completo la independencia que busca, e incapaz de darle más que atisbos de ella, justo de la misma manera en que el pelicano está condenado al aire, pero tienta el mar en sus constantes arremetidas o camina por la costa. En cualquiera de estos casos, si es aire, tierra o agua no importa. Son los lapsos breves de sustitución de medios y reconocimiento del nuevo entorno el motivo de un placer que satisface la ansiedad de conocer lo otro. Sólo eso. No se trata de un intercambio irrevocable, sino de una exploración de lo que nos es completamente ajeno. ¿Será el espíritu, una vez satisfecho el cuerpo, insaciablemente curioso? Quizás el cuerpo anda por el mundo siendo alma que también busca alimento y por ello el viaje se torna necesario, aun cuando se dé sólo a unos pocos metros de altura.
Si veo en las personas que se contorsionan en el aire tomadas de una tela gente con la ambición natural de aspirar a lo distinto, con la finalidad de poseerlo, no puedo actuar de otro modo: me llevo la euforia mitigada de un sueño inasible transformada en la sonrisa que persiste durante el viaje.

lunes, 2 de febrero de 2009

Bitácora

"Ya ves que para el mar no hay distancias"
Anónimo
Hoy no quiero hablar del mar. Si algo quiero hacer hoy es escribir un texto que no tenga que ver con su epígrafe para pensar que existe una cosa sin sentido, aunque sea de manera virtual. Ya sé, podrá decirme cualquier persona, y acertar, que si no hablo de él y lo pongo justo en la parte más alta del texto y alineado a la derecha como un epígrafe muy bien portado, algún sentido deberá que tener (cualquier acto en sí es un mensaje). Me dirá también que no es posible destrozar la causa primera de las cosas en un arrebato caprichoso lleno de ignorancia. ¡Ya está bueno! ¡Ya tuve suficiente de sus argumentos! Vamos a hacer una cosa:
1.- Olvidémonos del epígrafe que está colocado en donde debe ir el epígrafe.
2.- Coloquemos ese mismo texto aqui bajo:
"Ya ves que para el mar no hay distancias"
Anónimo
3.-Ya no quiero que sea un epígrafe. Si lo ponemos ahí donde está, ha dejado de serlo.
4.- ¡Carajo! Ahora he construido una cita que no me sirve para nada. Bueno sí sirve, ya dejó de ser epígrafe. A veces las cosas sirven para que una cosa pase a ser otra (por ejemplo un castigo ayudado por la costumbre o la libertad de expresión ayudada por la televisión).
5.- He construido un método desepígrafizador. Tomen nota:
a)Tome un texto cualquiera e insértelo en la parte superir de su hoja alineado a la derecha y por debajo del título.
b)Esfuércese en quitarle todo sentido a su texto en relación con su protodesepigrafizado fragmento de texto. Hago hincapié en esto: todo sentido. Hable de algo ajeno al tema; trate de no ejemplificar nada con él; no efatice argumento alguno; de ser posible, póngalo en otro idioma para que carezca de sentido a los más. Y por último:
c) En caso de que no funcione, pensemos en esto: El epígrafe significa algo y contiene un texto DIFERENTE del hallado en el cuerpo restante de texto. Por lo que propongo este método radical:
"Ya ves que para el mar no hay distancias"
Anónimo

"Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves quepara el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo "Ya ves que para el mar no hay distancias" Anónimo. "Ya ves que para el mr no hay distancias" Anónimo. Afectuosamente,

"Ya ves que para el mar no hay distancias"

Anónimo.


Lo hemos conseguido: derrocamos al epígrafe. En la siguiente entrega de "Bitácora" atentaremos contra la dedicatoria. Afectuosamente,
"Ya ves que para el mar no hay distancias"
Anónimo

domingo, 1 de febrero de 2009

Palíndromos propios y ajenos (se actualizará pronto)

Propios:

Amar, deseo ese drama 

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A la roña añórala

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Hada: láteles alada ya, háblale a mayo. ámale, él ama. Hoy ama el alba allá. Dala. Sé letal, Hada.

***
 
O de como cedo
a coral la roca
la nota a la amada dama atonal

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Ajenos:

Asirnos a la luna anula la sonrisa (Chewbeto)

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Acá Cela vale caca

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Anita la gorda lagartona no traga la droga latina (Sabiduría popular)

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Oì corolas, reza ser sal o rocío (Denisse Navarro)

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Ódiola (Natalia bonita): ¡Odín atrone tan urna-toro, oro tan runa! Tenor tan ido a tí no baila tan al oído. (Alfonso Montoya)

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Odio la luz azul al oído (Rubén Bonifaz Nuño)

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Roma ni se conoce sin oro ni se conoce sin amor